HASTA LAS LAGRIMAS

Adriana y Blanca Díaz de Garnier conversaron en el marco de una entrevista radial. “La voz me parece como que la hubiera escuchado siempre”, dijo la abuela al oír a su nieta y afirmó estar “todavía soñando”. “Tengo una abuela, no lo puedo creer”, expresó emocionada la mujer que hoy recuperó su identidad. Se comprometieron a “recuperar el tiempo perdido”.

 

Con 40 años, nunca se me cruzó la posibilidad de volver a decir abuela”, contó la mujer que se convirtió en la hija de desaparecidos número 126 que recupera su identidad tras haber sido secuestrada. El programa “La Inmensa Minoría” que conduce Reynaldo Sietecase en Radio Con Vos logró que converse al aire con su abuela, Blanca Díaz de Garnier, en un emotivo diálogo.

“Realmente algo impensado me llegó de pronto, estoy todavía soñando”, dijo la abuela desde Concepción del Uruguay. Contó que escribe poesía y que hizo algunos poemas “con la esperanza latente” de encontrar a su nieta. “Cuando veía de otras personas que tenían esa felicidad, siempre pensé… y llegó el momento felizmente”, manifestó y expresó: “Me pareció un sueño cuando la señora Estela me llamó ayer a la tarde”.

“Hola abu”, dijo con emoción en su voz. “¿Cómo te sentís en estos momentos, feliz?”, le preguntó Blanca. “Uy sí, tengo una abuela, imaginate. Con 40 años, nunca se me cruzó la posibilidad de volver a decir abuela”, respondió la mujer, hija de Edgardo Garnier y Violeta Graciela Ortolani, ambos aún desaparecidos .

Luego Adriana contó detalles de su historia. “Yo nunca dudé en el sentido físico, porque mi mamá de crianza era muy parecida a mi”, explicó y dijo que solo le generaba dudas que su nacimiento se haya registrado en Wilde, cuando toda la familia de crianza era de Capital. “Eso siempre me quedó, le preguntaba a mi vieja y ella como que se ponía nerviosa. Además no tenía fotos de cuando estaba embarazada. Eran cosas muy sueltas”, añadió.

Aclaró que sus padres de crianza, ya fallecidos, no sabían que era hija de desaparecidos, sino que pensaban. “Ellos creyeron que yo venía de una familia que no me pudo tener”, explicó. “Se cansaron de estar anotados, de esperar para adoptar legalmente, y un vecino de un amigo que era comisario les había ofrecido que podían adoptar más rápido, de manera irregular”, completó. Dijo que supo en democracia sus padres tuvieron la duda sobre su origen y se lo comentaron a su tía, pero no avanzaron en saber la verdad. “Ellos tenían como una tristeza que no se les iba con nada”, graficó la nieta recuperada.

“Al final, yo a veces pienso que soy adoptada”, dijo varios años después al hablar con una amiga de su madre, frente a una situación que describió como “de enojo” por la muerte de su mamá. “Tiré, mandé fruta, porque no sabía nada. Y la señora ésta me dice: ‘¿Y si fuera así qué? ¿Por eso no te pueden querer?’. Metió la pata y me quedé con esa espina”, contó Adriana. Ahí decidió hablar con su tía Nélida, quien le confirmó que era adoptada, le narró toda la situación en la que llegó a manos de sus padres de crianza y la impulsó a acercarse a Abuelas de Plaza de Mayo.

“La voz me parece como que la hubiera escuchado siempre”, sostuvo emocionada la abuela Blanca tras el relato de su nieta. “Es un momento muy feliz para mí. Desde mi lugar se aclararon muchas preguntas, muchas inquietudes”, añadió Adriana, quien le confirmó a su abuela que piensa cambiarse el apellido Cosantino por el de sus padres, para pasar a ser Adriana Garnier Ortolani.

Sobre el final se comprometieron a verse en persona muy pronto. “Tengo una abuela, no lo puedo creer. Una abuela piola, se nota”, dijo la nieta recuperada. “Vamos a recuperar el tiempo perdido”, le respondió Blanca, nuevamente con la voz entrecortada.

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