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Cultura

El Carlo Carpincho

No hace falta poseer una memoria prodigiosa para enumerar a los jugadores de tu equipo favorito. Tal vez, incluso, vos que estás leyendo puedas hacerlo de corrido y sin temor a equivocarte.

Por: Mario Costello

 

Como diría el amigo Aznar: Qué locas son las cosas que al alma se le antoja conservar, ¿que nó?

Nombrar a los goleadores o al arquero, podría hacerlo cualquiera, supongamos.

Ahora, todo el equipo, de tal temporada, banco de suplentes incluido, solo uno. Uno solo podía hacer eso: El Carlo Carpincho.

Yo no sé cómo hacía, che, pero hasta recordaba a qué club lo habían vendido al siete en el año ´95 o cuantos goles había hecho el nueve en todas las temporadas en las que jugó. Una máquina de precisión milimétrica el tipo. Si vos querías saber el promedio del descenso, ponele, le preguntabas al Carlo. Si querías saber si en la fecha cuatro del próximo campeonato éramos local o visitante…El Carlo. Lo sometíamos a examen. Y aprobaba siempre. Era una enciclopedia. El Wikipedia del fútbol local.

Años y años de anécdotas, nombres y goles compartían información en su cabeza. Como si tuviera ficheros ahí, archivos ordenaditos. Blanqueaba los ojos un poco, los cerraba y uno ya sabía que estaba procesando la info, buscando el dato correcto, el tiempo exacto en el que tal cosa había ocurrido. Como si nada, parecía poder acceder a los registros del fútbol tucumano que se guardaban en algún lugar del universo. Se abrían, siempre, de par en par.

Dicen las malas lenguas que “de chiquito tuvo un shock muy fuerte y desde entonces quedó así, con una memoria prodigiosa”.

Nunca supimos qué le había pasado en la niñez. Eso era algo que los mayores hablaban en voz baja. Pero a nosotros no nos importaba demasiado, solo queríamos sentarnos un rato con el Carlo Carpincho durante la semana y absorber, como esponjas, algún suceso para después sacarlo a relucir y presumir de nuestro conocimiento en cualquier charla del colegio.

No podías no conocerlo aunque solo fuera de vista o no sentirlo parte de tu historia personal. Carlo Carpincho siempre estaba ahí, en la vereda de su casa, en la esquina de la vida. Era parte del paisaje cotidiano y el folklore barrial. Algo que nos devolvía el sentido de pertenencia. Por eso nos sorprendió cuando desapareció.

La última vez que lo vi caminaba hacia la parada del colectivo con la camiseta en la mano. Su cábala consistía en ponérsela a tres cuadras y un paso de la cancha.  Era de los que iban temprano y se acomodaba arriba en la popular, tranquilo, justo en el medio y con buena visión. Esa tarde, si ganábamos, se ascendía.

Ganamos. Carlo no regresó jamás.

Las buenas lenguas dicen que se fue a buscar trabajo a otra provincia.

Otros dicen que lo ven cantando y festejando por las noches, revoleando la camiseta, cerca del Monumental. Recitando a los gritos, una y otra vez, la formación completa del equipo que logró el ascenso.

*A mis queridos amigos, Ciruja y Decano, que ya no están, pero flamean en los trapos.

                                                                                                          

@mariocostello11 Escritor. Docente. Autor teatral / Clases de escritura Online

mariocostello33@gmail.com
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