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Cultura

Es mejor que estarse quieto, es mejor que ser un vigilante

Texto e ilustración de Sejo Delgado

Corría noviembre del 93′. Yo acababa de llegar a Buenos Aires procedente de La Habana. Ese día, tocaba Charly en Ferro, uno de los primeros «Ferros» noventosos que desplegó el maestro del bigote bicolor.

Mi hermano, un comisario quince años mayor que yo, me acercó hasta avenida Rivadavia aquella noche. Él siguió a su laburo (Taquería 33). Antes de dejarme, me ofreció plata por si me faltaba para ingresar al recital, cosa que rechacé pensando que no me haría falta. Contaba con 10 pesos de la época, y calculaba que la entrada me costaría 8 mangos.

Al llegar a las inmediaciones, me di con que el valor de la entrada era de quince pesos, una fortuna para un cortado como yo que se había gastado la poca plata que tenía en Cuba.

Me puse a «manguear» de a un peso, como se solía hacer en todas las adyacencias de los estadios argentos. Al primero que me dirigí era un flaco como yo, pelo largo y vaquero roto: «Sherry», con la Shé bien marcada.

El flaco me miró y me dijo:

– ¿De donde sos?- A lo que respondí: -De Tucumán y paro en Villa Luro.

Me preguntó cuánto dinero tenía y mi respuesta fue tajante, “Diez pesos”.

– Yo tengo 8, ¿y cuál es?, vamos a entrar igual”- dijo, y giró la cabeza al grito de «Rrrronco, vení, al pibe no le alcanza y viene desde Tucumán…»

Ronco era el gordo de la reventa. Nos dio entradas para los dos y ese recital lo vimos con Sherry y sus amigos, apoyados en las barandas que nos separaban del escenario. Tocó Charly, León, Emmanuel Horvilleur. Recitalazo.

Después de aquella noche, Sherry y yo sabíamos casi todo de nuestras vidas.

Cuando salimos me fui con él y sus pibes que eran de Belgrano, justo El Barrio de la *»Taquería» donde laburaba mi hermano.

A todo esto, nunca le había dicho a los pibes que mi hermano era «la ley», comisario de la 33, por miedo a lo que pensaran de la yuta. En silencio me monté en el 92 con ellos y fuimos para la zona norte de Baires.

Cuando íbamos en el Bondi, Sherry, un poco preocupado por este changuito del interior, me dijo:

«Sejo, este no va para Villa Puro, ¿eh?»

No importa- contesté.

Cuando ya íbamos por Avenida Santa Fe a la altura de Mendoza le pegué un grito:

Me bajo aquí… – Y rápido y entre dientes, le dije al oído: «Sherry, mi hermano es el comisario de la 33, chau…»

El griterío que despidió el colectivo fue al unísono: «¡Estamos salvados!».

Bajé la cabeza y me dirigí a la Taquería.

 

Casi 10 años después cuando ya vivía en Barcelona, pero estando de vacaciones en Buenos Aires, me encontré con mi hermano. Después de hablar de las cosas pertinentes a la familia, se acordó y me soltó:

Negrito, ¿vos tenés un amigo que se llama Sherry?

La verdad, ya me había olvidado de la anécdota y del nombre del flaco aquel.

-¿Cómo? le dije.

-Sherry, un flaco de pelo largo. Cayó detenido por una contravención. La cuestión es que le dijo al Sargento que era amigo tuyo. El poli vino y me lo contó de inmediato:

‘Jefe, el detenido dice que es amigo de su hermano’

Le dije que me lo trajera. El flaco, ya enfrente mío me dijo:

-¿Usted es el hermano de Sejo?…

Yo lo miraba medio incrédulo, y siguió el pibe :

-Sejo, eeeeh… El tucumano que estuvo en Cuba, eeeh…el mejor dibujante del mundo, master.

 

-¿Y qué hiciste? – le pregunté a mi hermano.

– «Lo dejé ir…»- me respondió, y con una sonrisa soltó…

«Es mejor que estarse quieto, es mejor que ser un vigilante».

 

 

Nota: ¿A Sherry? Nunca más lo volví a ver. Aguante Sherry y aguante Charly…

*Taquería 33: Comisaría 33

 

Por/ Sejo Delgado @sejodelgado.

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