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Cultura

Falleció Robin Wood, el guionista de historietas más grande que dio Sudamérica

La historieta es ante todo, aventura. Cuando se pierde ese norte corre el riesgo de dejar de ser popular, y lo que es más importante, corre un altísimo riesgo de dejar de comunicar. Eso Robin Wood, lo sabía muy bien.

Desde mi niñez me crié leyendo a «Pepe Sánchez» primero, y posteriormente «Mi novia y yo», debido a mi inclinación desde muy chico por la historieta de humor. Hasta que leí Savarese, ese italoamericano que vivía combatiendo el hampa en las calles de Nueva York. A partir de ahí nació otra historieta en mi cabeza. En mi cabeza nació el cine en papel. Esos primeros planos, esas tomas dignas del mejor cineasta. Y lo más importante de la obra de este Monstruo, la narración simple y profunda a la vez. Gracias a eso hasta hoy soy un lector compulsivo de la historia. Hasta cuando leía o escuchaba párrafos de la Biblia me empezaban a ser familiar debido a esos relatos woodianos de los sumerios y los ummos y la batalla de Uruk.

Me mimeticé con Nippur, me simpatizó Chacarita por culpa de Pepe Sánchez, amé los «ovejeros alemanes» por culpa de Tom (Mi novia y yo), quise ser un guerrero sumerio, y me ponía el sombrero ala corta de mi abuelo para parecerme a Savarese, ese personaje que había dejado su Sicilia natal para vivir en la dura Nueva York de principios del siglo pasado. Eso provocaba este maestro paraguayo de ascendencia irlandesa.

Editorial Columba llegó a tener la tirada más grande de la historieta de habla hispana con tirajes que rondaban entre los 2 millones y 2 millones y medio de ejemplares por mes, con títulos de revistas que fueron muy populares como «El Tony», «D’artagnan», «Intervalo» y «Fantasía». Con Intervalo pasó algo muy curioso, era una revista quincenal donde salía en números salteados «Mi novia y yo», historieta dibujada magistralmente por Carlos Vogt. Resultó que el número que no contenía la obra de Wood y Vogt, no vendía ni la mitad de los ejemplares que vendía la que llevaba a «Mi novia y yo». La editorial decidió publicarla semanalmente incluyendo la mencionada historieta en todos sus números.

Lo mismo pasó cuando salió Nippur de Lagash, aquel guerrero sumerio que deambulaba en cada batalla con su espada. Este personaje se hizo tan popular que finalmente la Editorial Columba decidió tener una revista con título propio: NIPPUR.

Todo eso provocó el gran Robin Wood, sin él difícilmente Columba habría sido tan popular y comercial. En esos años subías al tren, al colectivo o a un taxi, o ibas a la peluquería y siempre ibas a ver a alguien inmerso de narices en una revista «El Tony» , «D’artagnan» o cualquiera de las mencionadas. Una tarde estaba en una de esas convenciones que se dan en el Salón del Cómic de Barcelona y en la mesa panel se hablaba de los números de los tirajes editoriales en el cómic de habla hispana, y sin titubeos Jaime Rodríguez (editor de cómic español), dijo: «Nadie superó, y difícilmente lo haga en el futuro, a los números de impresión que tenía Editorial Columba en Buenos Aires, por cada ejemplar y de manera semanal».

Y por supuesto acentuaban que mucho tenía que ver la obra de Robin Wood.

Y sí, el historieta sin él, se fue cerrando en un pequeño círculo de autores con un relato cada vez más difícil para las clases populares, y el resultado de eso primero, y de el avance de la tecnología después, hicieron que las ventas fueran disminuyendo a números muy bajos. En eso los japoneses lo tienen muy claro, en otro tono, con otras costumbres en cada relato, a su manera, dan mayor importancia a la narrativa de manera simple, hasta para la historia más negra. Eso se traduce en popularidad, y la popularidad trae prosperidad en el negocio editorial del género. De lo contrario, cuando se cae en publicaciones dirigidas para un grupo de gente reducido, y hasta snob, se corre el riesgo de caer en las ventas, tal cual pasó en el cómic argentino.

Por suerte han salido en nuestro país nuevas editoriales, nuevas revistas y nuevas publicaciones en formato de novela gráfica también llamada cómic book, con un formato narrativo más cercano a Robin Wood. Que no es ni más ni menos que volver a las fuentes, y así vuelve a llamar la atención del gran público.

Que vuele alto el maestro Robin, y gracias por tanta fantasía, por tanta historia y por tanto humor. Ha sido un pilar importante en la imaginación de cada niño, adolescente y adulto que varias generaciones.

 

Por: Sejo Delgado

 

Foto: Gentileza de Editorial Ferullo Burke

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