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Fútbol: la deuda eterna

En una muestra de machismo extremo, esta última semana la UEFA prohibió que la bandera del Orgullo LGBTI+ se refleje en las afueras del estadio Allianz Arena de Múnich, lo que alarmó a algunos futbolistas germanos como Manuel Neuer y León Gorezka.

El catálogo de los imperativos sociales que configuran la masculinidad exige el aprendizaje de dos cosas en edad temprana: llorar es de nenas y en la cancha se le canta a un rival estigmatizado por la homosexualidad como sinónimo de cobardía.

En los códigos machistas del fútbol, las canciones presumen de «romper el orto» al otro, que no se la aguanta, que corre y pierde los trapos. Esas letras se replican en las tribunas, donde los varones copan el paravalancha y manejan las barras.

Cualquier pibe que fue alguna vez a la cancha o que jugó en divisiones inferiores habrá podido comprobar todo tipo de actitudes machistas, algo que también se reproduce en los entrenamientos, en el vestuario y los típicos chistes de mundillo futbolero, en el que está prohibido hacer «cosas de putos».

La experiencia de Rafael Crocinelli, de 25 años, en sus pasos por Sarmiento de Junín y Everton de La Plata, en el Federal C, lo llevaron a la reflexión durante su época de estudiante de la Licenciatura de Comunicación, lo que originó más tarde el libro: «Cuerpos que [no] importan», un abordaje sobre las masculinidades en el fútbol.

«La masculinidad es una pieza fundamental pero lo que me llamó la atención es el biotipo de cuerpos heteronormativos», introduce el exfutbolista en diálogo con Télam.

«En el fútbol se espera un tipo de cuerpo para el jugador, tanto de Inferiores como de Primera, y allí radica el punto de partida y armado de una masculinidad que se configurará con el paso del tiempo. Todos sabemos que el fútbol es uno de los últimos espacios duros del patriarcado», afirma.

A modo de confirmación, esta última semana la UEFA prohibió que la bandera del Orgullo LGBTI+ se refleje en las afueras del estadio Allianz Arena de Múnich, lo que alarmó a algunos futbolistas germanos como Manuel Neuer y León Gorezka.

La Eurocopa mostró así su primera grieta sobre un tema en el que -explica Crocinelli- «no se habla en el fútbol masculino y sí en el femenino, donde se acepta rápidamente».

«Los cantos de los hinchas, la cultura del aguante y todo esto genera dificultades. El jugador reproduce ciertas lógicas de poner huevos, de no ser maricón. Todos esos sentidos siempre apuntan a esa dirección», remarca el comunicador.

«Todos sabemos que el fútbol es uno de los últimos espacios duros del patriarcado»

A raíz de lo sucedido en la Euro, otro que alzó la voz fue el belga Thomas Meunier: «Es lamentable lo que está sucediendo con la UEFA en este momento. Los que deciden se ponen orejeras. No vas a cambiar las cosas poniendo un cartel de ‘no al racismo’ en las bandas del campo. Hay que reaccionar».

Crocinelli advierte que las prácticas machistas necesitan de un protagonista, de una víctima y de un testigo. Todo eso «sucede en general en los vestuarios».

«Cuando jugaba, antes de quedar en libertad de acción, el chiste recurrente era que alguno tiraba el jabón en la ducha y para que lo levantes y ahí te tiraban que te iban a romper el culo. Esa broma se hace con la complicidad de un testigo que lo avala con la risa o con su silencio. Hay que tensionar y frenarlo al que hace el chiste», exigió.

#jugáconorgullo

#jugáconorgullo

En el fútbol masculino son pocos los que pudieron vivir libremente su sexualidad, y quienes se animaron lo padecieron como el británico Justin Fashanu, que se declaró en 1990 públicamente como homosexual en una entrevista con The Sun.

Y otro fue el francés Olivier Rouyer, integrante de su seleccionado en el Mundial de Argentina 1978, aunque lo hizo un tiempo después de haberse retirado, en el 2008 y según sus propias palabras eso «le costó el puesto de entrenador en As Nancy».

Crocinelli subrayó que no es «obligación» que alguien se declare homosexual como tampoco otros lo hacen con su heterosexualidad pero sí «es tiempo que el fútbol abra la cabeza para comenzar a cambiar los paradigmas actuales, desfasados de la realidad»

«No puede ser que el mundo avance y el fútbol se quede apartado. Tenemos la tarea de deconstruirnos, de ver los horizontes y cambiar la realidad. Sufrí mucho cuando quedé libre, ni siquiera pude llorar en el club para no quedar mal adelante de mis compañeros», cerró.

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