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Cultura

Gusmán celebró la distinción recibida en Avellaneda, ciudad donde se crío y que atraviesa su obra

El autor de «El frasquito» -novela que fue una revelación en los años ’70, ubicada en los márgenes de la denuncia social y la discusión política- vivió en esa localidad bonaerense de los cinco a los 25 años, cerca de los frigoríficos La Blanca y La Negra y luego por los Siete Puentes, al lado del Riachuelo.

El escritor y psicoanalista Luis Gusmán fue nombrado Persona Destacada de la Cultura en Avellaneda y dijo que esa distinción «es más» que cualquier premio o cualquier reconocimiento porque sus libros «pasan siempre por ahí», una geografía por la que siente una «pertenencia insoslayable».

El autor de «El frasquito» -novela que fue una revelación en los años ’70, ubicada en los márgenes de la denuncia social y la discusión política- vivió en esa localidad bonaerense de los cinco a los 25 años, cerca de los frigoríficos La Blanca y La Negra y luego por los Siete Puentes, al lado del Riachuelo.

Tras recibir la distinción, el escritor que participó de revistas emblemáticas como «Literal», «Sitio» y «Conjetural», dijo a Télam que aquellos recuerdos de la ciudad «no escapan al peso de la infancia».

Eran días en que se corrían las Mil millas de Turismo Carretera y «los coches venían por la avenida Pavón y cruzaban los siete puentes -recordó-. Yo admiraba a Oscar Alfredo Gálvez, El aguilucho. Oscar era peronista, su hermano Juan, era radical. Eso dividía a mi familia y a Avellaneda. A mi hermano menor le habían puesto, porque lo pedí, Oscar Alfredo, así compartía las mismas iniciales con El aguilucho: OAG»

La cartografía literaria de Avellaneda en los libros de Gusmán -autor de «Brillos», «Lo más oscuro del río» y «Villa», entre tantos otros libros-, comenzaba en el puente Pueyrredón y el Riachuelo, cerca de donde vivió durante 20 años.

Bajo el puente, del lado de la provincia, había una librería donde canjean dos por uno: «comprabas un libro, juntabas dos, los leías y los cambiabas. Toda mi literatura del Oeste, de piratas y de novelas policiales pasaron por esa librería», contó.

Esta cartografía estaba divida por el puente: «como en una novela de John Le Carre ahí se realizaban todos los canjes», señala y agrega: «el puente dividía no solo la ciudad, sino el mundo. De este lado las curtiembres, la perrera, el hospital Fiorito, pero también Racing con su cancha y su biblioteca».

Su transformación narrativa comenzó en 1990 con «Lo más oscuro del río», título que, en palabras de Gusmán, refiere al «espacio y el color» del Riachuelo, «nunca sabía dónde terminaba ese río», que tenía un tono «raro», «un color que cayó del cielo», dijo recordando a Lovecraft.

A su entender, esa transformación narrativa se puede condesar en esta frase de Onetti: «Sí, fue una infancia feliz. Pero tal vez no exista ningún período de la vida tan profundamente personal, tan íntimo, tan mentiroso en el recuerdo como este… Decir infancia implica sin remedio un fracaso equivalente a contar los sueños».

Con cada nueva novela Gusmán fue contando un recuerdo transformado en historia. Nacido en 1944 en Buenos Aires, recordó que hace muchos años, más de veinte, viajaba haca su casa de Las cañitas en taxi y lo robaron, «cuando me preguntaron ‘¿de dónde sos’, me salió de adentro: ‘de Avellaneda’. Más allá de que no iba a ir a mi casa con ellos, les dije una verdad», aseveró.

«Me dijeron que eran profesionales y lo fueron: les reclamé ‘El carapálida’, el libro que me había dedicado Luisito Chitarroni y que me habían quitado, y me lo devolvieron», concluyó.

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