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Cultura

Laura Quiñones Urquiza: «Los delincuentes son producto de las sociedades»

Como en el thriller policial «Mindhunter», la especialista y autora es perfiladora: una categoría relativamente novedosa que los juzgados y fiscalías suelen aplicar a la pesquisa de un crimen para ampliar las chances de identificar a su responsable.

La especialista en perfilación criminal Laura Quiñones Urquiza, autora de libros como «Rastros criminales» y «Lo que cuenta la escena del crimen», sostiene que la categoría de asesinos en serie abarca un rango heterógeneo con móviles no siempre inteligibles, aunque la criminología ha logrado establecer que a grandes rasgos «matan por una necesidad psicológica y porque obtienen una satisfacción emocional», y explica que sus motivaciones varían desde la ira por venganza desplazada a mujeres o varones hasta los crímenes por motivaciones sexuales o aserción de poder.

Como en el thriller policial «Mindhunter», la serie en las que dos agentes del FBI entrevistan a asesinos en serie para intentar resolver otros casos aún sin dilucidar, Laura Quiñones Urquiza es perfiladora, una categoría relativamente novedosa -al menos en la Argentina- que los juzgados y fiscalías suelen aplicar a la pesquisa de un crimen para ampliar las chances de identificar a su responsable. La especialista visita la escena de los hechos, busca a contrapelo signos apenas perceptibles -acaso más difíciles de hallar que un rastro de sangre o la huella digital del presunto asesino- y por fin elabora su diagnóstico: un perfil tentativo del probable asesino que pone en juego una caracterización psicológica del hombre o la mujer capaces de haber perpretado uno o más asesinatos, a veces por disparadores definidos y en otras totalmente inasibles.

«Los delincuentes son producto de las sociedades, y acá me refiero puntualmente a aquellas instituciones que durante el tiempo fueron observando conductas antisociales tempranas de alto riesgo, desde las escuelas, familia y otros que pudieron hacer algo para impedirlo. Muchas en su momento, hicieron caso omiso. En otros casos, no hay motivaciones, simplemente surgen por factores de riesgo criminógeno personales», explica en entrevista con Télam.

Autora de libros como «Rastros criminales» y «Lo que cuenta la escena del crimen», Quiñones Urquiza se diplomó en criminología con especialización en técnica de perfilación criminal. Desde hace diez años asiste a juzgados de instrucción, fiscalías y fuerzas policiales de todo el país en la obtención de datos que permitan resolver casos policiales complejos. Su labor está asociada a una rama complementaria de la criminología que surgió en los 70 con el trabajo de tres agentes del FBI que analizaban el perfil de asesinos identificados para detectar patrones que permitieran hallar a los responsables de crímenes irresueltos, precisamente la historia que cuenta «Mindhunter», el ciclo de Netflix dirigido por David Fincher que lleva dos exitosas temporadas y agita la posibilidad -aún no confirmada- de una tercera.

La especialista visita la escena de los hechos, busca a contrapelo signos apenas perceptibles y por fin elabora su diagnóstico: un perfil tentativo del probable asesino.

La especialista visita la escena de los hechos, busca a contrapelo signos apenas perceptibles y por fin elabora su diagnóstico: un perfil tentativo del probable asesino.

– Télam: El territorio de los consumos culturales ofrece un catálogo amplísimo de libros, películas, series, contenidos noticiosos, podcast y hasta turismo sobre asesinos seriales ¿Por qué genera tanta fascinación esta figura?
– Laura Quiñones Urquiza: Muchos ante una situación de injusticia o humillación grave, nos hemos visto pensando el modo de vengarnos o hacer justicia. Estas son motivaciones que dentro de cierto espectro de personas normales llevarían a alguien a pensar en una situación semejante. Sin embargo, algunos asesinos en serie tienen por ejemplo motivaciones sexuales, que nada tienen que ver con un sentido de «hacer justicia» respecto a alguna situación percibida. La sociedad muchas veces no está preparada para entender que el mal tiene otros motivos. Pongo como ejemplo a Dominique Cottrez, una neonaticida serial de sus propios hijos, que los enterraba en el jardín de su casa para tener absoluto control de la escena. Los médicos o enfermeros asesinos también tiene control de la escena. Su motivación es muchas veces lo que para ellos es «matar por piedad», la posibilidad de decidir quién vive y quién no. Con el tiempo y la impunidad, van hacia la motivación por poder.

– T: Por un lado están las trayectorias individuales o «familiares» como las del Petiso Orejudo o de los Puccio, pero hoy también tenemos femicidas, una clase de crimen que estadísticamente genera un asesino cada 35 horas ¿Se podría entonces dejar de leer la serialidad solamente en términos individuales para resignificarla hoy como una categoría que involucra a sociedades donde se cometen determinados crímenes replicando un sesgo que se repite con una lógica «seriada», como el de los asesinatos por odio racial o de género?
– L.Q.U.: En este caso hablaríamos de una serie de asesinos, no de asesinos en serie, denominación creada por Robert Ressler, del Programa de criminología aplicada del FBI, y a quien se personifica en la serie «Mindunter». Se define así a aquellos sujetos que matan a más de tres personas en distintos escenarios y con intervalos separados llamados «período de enfriamiento emocional» o «Cooling off period». Matan entonces por una necesidad psicológica y porque lo que obtienen es una satisfacción emocional: sus motivaciones varían y van desde la ira por venganza desplazada a mujeres o varones que cumplen con ciertos criterios que simbolizan a personas que no pueden dañar, o como en el caso de Edmund Kemper, que con una carrera que evolucionó en el tiempo mató a sus abuelos, luego a su madre y más tarde a estudiantes.

Algunos matan por aserción de poder, otros por motivaciones sexuales y eso es lo expresan no solo en el modo de matar sino también en las posiciones finales de sus víctimas. Distinto es el caso de Jeffrey Dahmer, que disfrutaba no tanto el proceso de matar sino que erotizaba los cadáveres, ingería partes y coleccionaba cráneos de sus víctimas como trofeos a los que llevaba a todas partes, Dahmer tenía un trastorno borderline: sabía que matar estaba mal, pero fumaba marihuana y tomaba alcohol para darse fuerza y atreverse a hacerlo, es decir, admitía la consecuencia de sus actos y conocía la diferencia entre el bien y el mal. Por eso que fue encontrado culpable pero con trastorno mental.

Los asesinos eligen a sus víctimas con distintos criterios: por sus relaciones de conocimiento o porque azarosamente se encontraban en el lugar y momento equivocados, esas son las víctimas de oportunidad. Otros, utilizan el criterio simbólico en el cual podrían encajar aquel feminicida en serie. En criminología forense podrían ajustarse al criterio entonces de «series de asesinos» con conductas de contagio criminal.

Quiñones Urquiza se diplomó en criminología con especialización en técnica de perfilación criminal.

Quiñones Urquiza se diplomó en criminología con especialización en técnica de perfilación criminal.

– T.: ¿Pasamos de la percepción de un asesino atípico, sumamente consciente de sus actos, un ser disruptivo y solitario, a una banalidad del mal que construye mucho sujetos similares y se sustenta por un sistema desigual y expulsivo que produce cada vez más asesinos seriales, victimarios «reconocibles» como los adolescentes que asesinan a los tiros en escuelas?
– L.Q.U.: Los adolescentes que asesinan a los tiros en las escuelas pertenecen a la tipología de asesinos en masa si matan más de tres personas en un mismo escenario o evento, también encajan en la tipología de asesinos múltiples, con más de tres víctimas, ya que este criterio de «múltiple» opera por número de víctimas, no de eventos. Dentro de los asesinos en masa escolares existen distintas motivaciones, como la venganza o aserción de poder, dependiendo el tipo de interacción con las víctimas. Por lo general matan con armas de fuego, lo que les permite mantener el absoluto control de la escena. Suelen ser exalumnos que atacan porque el escenario simboliza algo, al igual que las personas que se encuentran allí. Este es el caso Wellington Menezes el asesino en masa de Río de Janeiro, que fue víctima de bullying. O Cho Seung-Hui autor de la masacre de Virginia Tech, quien se sentía, según los videos subidos a las redes sociales, como una víctima de racismo, aislamiento y bullying. Estos padeceres no son resueltos por todos del mismo modo patológico y criminal.

– T: ¿Cuál sería entonces la diferencia entre el asesino y masa y el asesino en serie?
– L.Q.U.: El asesino en serie elige víctimas, el asesino en masa, escenarios. Su geografia criminal es consistente con el lugar que eligió y la violencia con que actuó: un lugar conocido, donde sabía cómo entrar con engaños y desplazarse cómodamente, allí se sentía seguro para poder actuar, algo que para un psicópata no hubiese representado ningún desafío.

– T.: ¿Por qué el crimen es una perspectiva privilegiada para leer esa sociedad? ¿Los asesinos que nos cuentan en las ficciones de hoy se acercan más a la realidad y menos al mito?
– L.Q.U.: Los delincuentes son producto de las sociedades, y acá me refiero puntualmente a aquellas instituciones que durante el tiempo fueron observando conductas antisociales tempranas de alto riesgo, desde las escuelas, familia y otros que pudieron hacer algo para impedirlo o vehiculizarlo hacia modos de resolver los conflictos o frustraciones de modo prosocial. Muchas en su momento, hicieron caso omiso. En otros casos, no hay motivaciones, simplemente surgen por factores de riesgo criminógeno personales como pueden ser psicopatías, personalidades impulsivas, narcisismo maligno ampliamente estudiado por Otto Kernberg, o sociopatías donde el factor de riesgo criminógeno es social, porque el ambiente, la crianza y el contexto lo van construyendo, entre otros factores de riesgo criminógeno. En la serialidad, los asesinos o delincuentes sexuales comparten esa sensación de omnipotencia que se va cimentando en cada ataque: no se equivocan porque quieren ser atrapados como nos quiere vender la ficción. En la serialidad la idea es perpetuarse y aprenden con cada ataque, mientras sostienen un modus vivendi adaptado a las normas de la sociedad.

 

Créditos

 

  • Coordinación: Nicolás Biederman, Hernán Chiesa, Julieta Grosso y Lorena Vázquez
  • Redacción: Alejandro Aristimuño, Nicolás Biederman, Emmanuel Dalbessio, Ariel Diez, Julieta Grosso, Milena Heinrich, Victoria Ojam y Ricardo Ragendorfer
  • Edición: Alejandro Aristimuño, Nicolás Biederman, Valeria Castelbajac, Hernán Chiesa y Julieta Grosso
  • Video: Nicolás Biederman y Victoria Ojam (idea y preproducción), María Inés Pereita (producción) y Ana Almaraz (edición)
  • Infografía: Luciana Kiner
  • Podcast: Ricardo Ragendorfer (idea, guión y locución), Juan Coria (edición), Lorena Vázquez (producción) Soledad Cyrulnik, Pablo Domian, Quique Duplaá, Joaquín Ferrari y Randolfo Barrionuevo (voces).
  • Web: Gabriel González y Belén Veigas.
  • Coordinación Fotográfica: Diego Levy.
  • Fotografías: Carlos Cermele, Luciana Granovsky, Gustavo Amarelle, José Romero y Archivo.
  • Ilustración: Pablo Barruti (@pablobarruti).
  • Diseño: Victoria Benzaquen.
  • Redes sociales: Equipo de redes sociales.
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