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Cultura

Luis Chaves: «Este momento de pandemia es el sueño mojado de quienes manejan el mundo»

El poeta y narrador costarricense habló en esta entrevista con Télam de la potencia crítica de la ficción, sus limitaciones para acercarse al concepto del amor y de este primer año pandémico.

El escritor costarricense Luis Chaves, quien esta tarde dará una ‘master class’ en la Feria Leer virtual, que siguiendo las variables de «Amor y desamor» viene a concretar la edición que el año pasado fue suspendida por la pandemia de coronavirus, habla de la potencia crítica de la ficción, sus limitaciones para acercarse al concepto del amor y de este primer año pandémico: «Este momento ha sido la excusa de quienes tienen el dinero para atropellar conquistas laborales y para criminalizar aún más a ciertos sectores y sus necesidades», dice.

Para lo griegos antiguos pandemia significaba «lo que afecta a todo el pueblo» y también significó, en los siglos XVIII y XIX, el sobrenombre de Venus. No la diosa, el planeta. Con ese contexto etimológico, Chaves finalmente intervendrá el contexto actual, Feria Leer mediante, donde pandemia es sinónimo de virus mórbido planetario y donde amor es, para él, una idea a la que mejor aproximarse en forma colateral.

«Siempre me resultó difícil el tema del amor y tal vez estoy planeando hablarlo desde lo que está cerca o lo que está detrás o un poquito más allá, porque me siento incapaz de nombrarlo. Desde lo cercano puedo salir más o menos airoso, pero me siento limitado para mencionarlo en forma directa», anticipa a Télam desde Costa Rica, donde vive con su familia -eso incluye dos hijas adolescentes- y de un salario de profesor universitario y ocasionales colaboraciones periodísticas.

Poeta, narrador y traductor (San José de Costa Rica, 1969), Chaves es clave en la poesía contemporánea de su país. Sus temas son mínimos, cotidianos y su escritura despojada. Con «Los animales que imaginamos», su segundo libro, ganó en 1997 el Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz. «Chan Marshall», le significó el Fray Luis de León. «La máquina de hacer niebla», el Premio Nacional de Poesía de Costa Rica e «Historias Polaroid» fue finalista del Festival Internacional de Medellín.

A la Argentina lo unen muchas cosas además de la poesía. Acá está parte de su familia molecular, los amigos. Vivió en el barrio porteño de Villa Crespo tres años desde 2003 y compartió el círculo local de poetas y narradores jóvenes. En ese tiempo coheditó una revista contracultural y urbana que hoy puede verse en Internet, «Los amigos de lo ajeno», donde rescataba la «otra» poesía hispanoamericana y daba lugar a autores hoy consagrados como Fabián Casas.

Hace crónicas y también novelas. «Salvapantallas» y «Vamos a tocar el agua» fueron publicadas en la Argentina por Seix Barral. También «Falso documental», una compilación desde 1996 dos décadas de poesía. Y en lo que resta de 2021 espera editar, con el sello Overol, «Fuera de la gravedad», libro en el que regresa a la poesía después de varios años, armado con textos escritos desde 2015 hasta ahora.

Cuando el año pasado viajó a Buenos Aires para participar del III Festival Leer de San Isidro, finalmente suspendido por la pandemia, no habló de amor ni desamor, el tema que ahora retomará. Lo que más le preocupaba era saber si podría salir de la Argentina, no quedar varado en Panamá donde el avión hacía escala y que la experiencia no traumara a su hija de 15 años, que lo había acompañaba en el viaje.

«Aterrizamos ya con la efervescencia mediática, las dudas globales, esta sombra que se avecinaba y con la que cada país estaba haciendo lo que podía -repasa-. Todos los días pensaba en el regreso, pero al final todo salió bien, regresamos a Costa Rica cuando empezó la cuarentena estricta».

– Télam: ¿Lo que pensabas hablar sobre el amor hace un año es lo mismo que se te ocurre hoy?

– Luis Chaves: Si me planteé algo entre lo que había pensado conversar hace un año y lo que va a suceder hoy está en este regreso obligatorio a los límites físicos y simbólicos de la casa, que no ha sido sin consecuencias, desde varios lugares. Con la pandemia, a mí lo que me ha tocado es pensar que ese amor de familia nuclear es complicado, y he pensado mucho en el estar como una forma de amor, con todo lo que eso implica. Tal vez algo lo que he escrito durante este año sobre esas otras formas del amor ya estaba en «Vamos a tocar el agua» y tiene ver con mi momento, con mi edad. En la vida me ha costado mucho nombrarlo y en la escritura, particularmente, para mencionarlo recurro a su reverso. Tiene que ver con un defecto mío, es muy difícil lograr un equilibrio para no caer en algo meloso, hay gente que lo logra, pero se necesita maestría literaria para no derrapar.

Insisto, eso en mi opinión, que tal vez tenga que ver con mis limitaciones de varón, latinoamericano, criado en un momento histórico, en una familia específica, etcétera. Lo que funciona muy bien en una canción de amor suena mal en un poema o en la literatura, siempre me resultó más efectivo, o interesante, o una solución para que eso que sucede una canción no se convierta en algo cursi en la escritura, mencionar al amor por referencia, hasta por su ausencia. El peruano Antonio Cisneros, hablando de una mujer que lo dejó, escribe algo así como ahora que le dura más la maquinita de afeitar, en lugar de decir te extraño, estoy deprimido, no puedo salir de la cama, vemos a alguien que no se está rasurando. A eso me refiero con llegarle al amor por algo cercano, sin nombrarlo. (NdR: Del poema de Cisneros: «No me aumentaron el sueldo por tu ausencia/ sin embargo/el frasco de Nescafé me dura el doble/ el triple las hojas de afeitar»).

– T: ¿Encontraste en este estado pandémico alguna potencia?

– L.CH: Este momento de pandemia es el sueño mojado de quienes manejan el mundo, ha sido la excusa de quienes tienen el dinero para atropellar conquistas laborales y para criminalizar aún más a ciertos sectores y sus necesidades. Podemos hablar de necro política, pero mi atención con la pandemia se ha ido por el lado de la política económica. Tal vez es una manera de no pensar en la muerte cercana, porque sí, está, en la calle está la muerte, pero eso de algún modo es lo que está debajo, es lo que se dice y es también vivir con miedo y vivir con miedo le ha servido a mucho sectores que son los que sabemos.

-T: ¿Para vos la literatura se resignificó en el último año?

-L.CH: Buscar en la literatura respuestas a momentos históricos es equivocado, no sé si le corresponde a ella responder a situaciones como éstas. Sí creo que lo que hay en la literatura, en eso que sucede entre la escritura y la lectura, es un estado de pregunta siempre, aunque estemos leyendo ficción, una invitación a un pensamiento crítico no necesariamente académico o intelectual. Nada es lo que parece y eso podría parecer negativo, sumar dudas y temores, pero es más bien todo lo contrario, esa falta de certeza puede erosionar ese estado de temor que debilita. Acá, ahora, está pasando eso que sucede en la literatura y leer lo que tenemos en frente todo el tiempo como una suspicacia siempre va a ser positivo.

-T: ¿Tenés alguna lectura que vaya a funcionar como banda sonora de esta época?

-L.CH: Ahora estoy leyendo «Una chica es algo a medio hacer», de Eimear McBride, y «Panza de burro», de Andrea Abreu, me gustan muchísimo e incluso hay un parentesco por ahí. Poesía siempre picoteo y estoy releyendo «La insurrección solitaria», de Carlos Martínez Rivas, pero a ese libro siempre vuelvo.

-T: «Fuera de la gravedad» tiene poemas que escribiste hasta principio de este año, de qué se trata.

-L.CH: Ahí hay un recorrido de seis años de poesía. Es difícil hablar de un libro propio. Tal vez esos poemas no están amarrados, o no todo pertenece, a esa idea de fuera de la gravedad, de algo suspendido. Sucedieron cosas en esos años que yo creo que se ven reflejadas ahí, por ejemplo hay un duelo, falleció mi madre. Pero hay otras cosas también. Lo que no hay es referencias directas a este contexto, no me sale de forma natural, al menos desde la poesía, meter ese tema. Estamos todavía en el ojo del huracán.

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