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Cultura

Separarse de la especie

El chiflido de la pava me hace correr desde el baño a la cocina / Mario Costello

No me acostumbro. Desde que me mudé a este departamento grande, más grande, todo se me ha corrido de lugar. Necesito una brújula para ubicarme al despertar.

La pava se queja. Asoman las tres cucharadas de café instantáneo por el orificio azul del bote de vidrio. El humo dibuja con su sombra pequeños universos en la pared anaranjada. Y el aroma de mi café preferido me estimula las glándulas salivales en un abrir y cerrar de los párpados pesados.

Me toco la cara. Barba. Debiera afeitarme, pienso.

Es otoño. Los rayos de sol son un chiste, un esbozo, una caricatura. Las plantas del balcón se reacomodan. Las veo girar cada mañana, otro milímetro preciso, desorientadas también, en busca de una mejor posición para recibir las bendiciones del rey.

Abro el ordenador. Suena mi teléfono. Veo de reojo. Temprano comienzan los del consorcio. Intento ignorarlos y concentrarme en la lectura fugaz de los titulares. Es en vano. Al cabo de unos pocos segundos ya figuran  14 mensajes. No deja de sonar. Mutéo. Hago a un costado el aparato.

Salto de una noticia a otra, hacer esto me remite a la imagen de una rayuela. Ese juego que, de ingenuo, no tenía nada. El origen renacentista se disparó por todo el mundo y fue acuñada con distintos nombres. La esencia, es la misma. Me pregunto si el Dante hubiese podido imaginar las diversas maneras en que es denominada  o la cantidad de nombres que tiene el juego a lo largo y ancho de todo el mundo. Salir del purgatorio y querer alcanzar el paraíso es un objetivo noble aunque un tanto irrealizable ahora que el teléfono vibra y ya hay 26 mensajes a la espera de ser leídos. Una Divina Comedia el grupo del edificio.

Termino el café. Lo tomo solo. Sin nada que altere su sabor. Deslizo mi dedo índice por entre los casi 33 mensajes. Rápidamente deduzco de qué la van. Programada la próxima reunión por Zoom  para el martes a las 21.00. La señora del séptimo quiere “además plantear que no siempre sea el mismo encargado de habilitar o silenciar los micrófonos, que las expensas y el sueldo de Tito y que respetemos y cuidemos los horarios libres de ruidos molestos porque el prójimo debe descansar y ya se hicieron excepciones a la tenencia de mascotas en el edificio muy a pesar suyo pero bueno ella respeta la votación y que haya ganado la mayoría pero si fuera por ella ya conocemos su opinión al respecto.” Durísimo palo a la rubia del quinto. A veces desde acá se escucha a Luna, su caniche.  La Luna, aburrida, de vez en cuando sube las escaleras a buscar a Jacinto, el gato de la familia del octavo. Se desespera, lloriquea y raspa la puerta hasta que abren y la dejan entrar. Pero la señora ya está cansada de los juegos y de los animales. La señora es muy amable en el ascensor, pero sonríe pocas veces. Ella vive sola, es viuda. Y es propietaria. Y todo esto lo sé por Tito, por quien las expensas deberán incrementarse. Tito es como Dios, lo sabe todo de todos. Tito es el ojo que todo lo ve y sus labios de la sabiduría se encuentran sellados. A no ser que entres en confianza. Y le caigas bien.

Decido responder. No quiero dejar clavado el vistosolamente. Escribo: Ok.

Yo sigo siendo “el nuevo”, a pesar de que ya llevo casi un año viviendo aquí. Según quien perciba, un año parece poco. Pero de vivir en la oscuridad,  en el subsuelo, a respirar fresco por las mañanas, hay varios casilleros de diferencia.

Descorro las cortinas. Permito la tibieza del sol en mi entrecejo. Un año limpio y consecuente florece junto a las macetas del balcón. Miro hacia la calle y pienso que ninguna ascensión sería posible sin nuestros precisos infiernos recorridos. Ninguna altura. Ninguna acción.

Esto, es el piso once. Muy pero muy cerquita del cielo.

*Mario Costello    @mariocostello11

*Escritor. Docente. Autor teatral.  Ha recibido numerosos premios por su labor en la dramaturgia. Sus obras han sido editadas y estrenadas en Argentina y el extranjero. Coordina talleres de escritura creativa  y dramaturgia desde 2005 a la fecha. Ha brindado capacitaciones en Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca. Es autor de Tejiendo Cenizas, Cómo mirar el sol tras el vestido. Toro, el detective de Dios; entre otras. En 2020 obtuvo el Premio Nacional de Dramaturgia otorgado por el Teatro Cervantes por su obra “El rumor de las palomas”. Coordina clases de Escritura Creativa y Dramaturgia  bajo la modalidad Online.  mariocostello33@gmail.com

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