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Tras los pasos de los emigrados por la guerra en «13.000 km de Siria»

«La guerra trae muchas consecuencias, y la gran mayoría tarda mucho en resolverlas», describió Fernando Lojo en diálogo con Télam, al conversar sobre su película que se puede ver dentro del Festival de Cine de Derechos Humanos.

El filme de Fernando Lojo «13.000 km de Siria», que se puede ver dentro del Festival de Cine de Derechos Humanos que se desarrolla en forma virtual y gratuita hasta el 5 de junio en ficdh.imd.org.ar, se mete de lleno en penurias y esperanzas que viven los refugiados sirios que llegaron a Argentina con un conflicto que parece lejano, pero que trata temas universales.

«La adaptación es parte de lo que intenta transmitir la película. El idioma, el desarraigo y las diferencias culturales son cuestiones claves. Fue muy difícil. De hecho no todos lo lograron y algunos prefirieron volver. Y eso también lo mostramos en el documental», detalló a Télam el director.

A través del filme se pueden ver el sufrimiento no solo por vivir bajo un estado de muerte constante, sino, también, la culpa e incertidumbre que aborda a quienes decidieron emprender una nueva vida en tierras que, en algunos casos, ni sabían que existían.

«Es muy triste el relato de la guerra. El temor, los sonidos, la duda de saber si habían hecho lo correcto, las muertes»

FERNANDO LOJO

A través de la cámara de Lojo se transmiten los traumas que muestran los rostros y cuerpos de los entrevistados con tan solo recordar un sonido o una imagen que se metió en el fondo de su ser. Tan solo el anhelo por un futuro de paz es lo que los mantiene con la vista hacia adelante, esperando un mañana prometedor y el fin de la guerra en su país, donde quedaron amigos y familiares.

«La guerra trae muchas consecuencias, y la gran mayoría tarda mucho en resolverlas. Es muy triste el relato de la guerra. El temor, los sonidos (cada vez que pasaba un avión su cuerpo reaccionaba automáticamente, los fuegos artificiales de fin de año generaban miedo, recuerdos y dolor, etc), la duda de saber si habían hecho lo correcto, las muertes. Un sinfín de cosas que aprendimos a vivir con ellos», comentó el director.

El proyecto del filme nació luego de un partido de fútbol 5, cuando el activista de los derechos de los migrantes Gonzalo Lantarón le comentó al realizador sobre un plan -luego truncado- de traer refugiados de forma oficial a Argentina. Sin pensarlo mucho, Lojo, con extensa carrera en la producción audiovisual de contenidos, comenzó a entrevistar a los recién llegados, quedando presos de las historias que traían a cuestas.

«El relato nos impactó tanto que nos lanzamos a la aventura sin red, fondos ni un conocimiento concreto de lo que iba a pasar», afirmó.

Télam: ¿Cómo avanzó el proyecto?
Fernando Lojo: Ya más organizados, sumamos a Grupo Documenta para el rodaje (Marina Rubino y Darío Arcella). Las grabaciones eran muy fuertes; la sensibilidad de los que llegaban estaba a flor de piel. Traían una carga muy pesada. Huían y veíamos que no tuvieron ni tiempo de saber adónde venían. No conocían las costumbres nuestras, el idioma y tantas otras cosas que iban a tener que ir aprendiendo. Esta es una historia de reconstrucción, donde el desarraigo tarda en desprenderse de cada uno de ellos. Pero estaban vivos, que era lo más importante. De a poco nos íbamos conociendo y se iban abriendo. El seguimiento de las historias muestra ese lento proceso.

"Nuestra intención es visibilizar un conflicto que ya está entre nosotros con estos refugiados que buscan vivir en paz"

«Nuestra intención es visibilizar un conflicto que ya está entre nosotros con estos refugiados que buscan vivir en paz»

T: ¿Qué fue lo que más los impactó o sorprendió en la investigación?
FL: Varias cosas ya están respondidas. Pero puedo agregar: cómo la edad influye en la adaptación. Los niños y jóvenes podían aprender el idioma muy rápido y sentirse parte de una nueva cultura. Los mayores se ensimismaban, el silencio era su única respuesta. Usaban a los niños para comunicarse y, casi sin darse cuenta, eran los niños los que tomaban las riendas de la relación con lo que los rodeaba. Los roles se intercambiaban.

T: ¿Cambió algo tu forma de ver el conflicto en Siria?
FL: Siria antes estaba muy lejos, ya no más. Entender el conflicto tomó tiempo, de hecho todos los que venían temían por sus seres queridos y no querían pronunciarse sobre el conflicto bélico.

«Esta es una historia de reconstrucción, donde el desarraigo tarda en desprenderse de cada uno»

T: ¿Cómo impacta ver tan de cerca algo que, como dice el título, queda a 13.000 kilómetros?
FL: Nuestra intención es visibilizar un conflicto que puede parecer lejos (a 13.000 km de Argentina) pero que ya está entre nosotros con estos refugiados que intentan, solamente, vivir en paz y tener un futuro para ellos y sus hijos. Impactó mucho, y ahora agradecemos lo que tenemos y disfrutamos lo que nosotros considerábamos natural: paz, estar con nuestros seres queridos y poder proyectar, aunque sea, a corto plazo.

T: Además, la integración se les debe hacer muy difícil.
FL: Quiero hacer especial hincapié en las familias que deciden acoger y recibir a los que huyen de Siria. Ellos son los que les dan protección, amor y contención. Ellos son los que, ante la falta de una política de Estado, se erigen como articuladores entre el Estado y las necesidades de la gente, asumiendo el lugar que deberían tener gobernaciones provinciales o municipalidades. Sin recibir nada a cambio, con la convicción de que era algo que tenían que hacer. Llena de orgullo y respeto esa actitud. Nosotros también a veces cumplimos ese rol. Sin ir más lejos estamos acompañando para que algunos de ellos puedan por fin tener todos sus papeles al día.

Lojo: "Siria antes estaba muy lejos, ya no más. Entender el conflicto tomó tiempo".

Lojo: «Siria antes estaba muy lejos, ya no más. Entender el conflicto tomó tiempo».
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