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Cultura

«La mujer desnuda», de Armonía Somers: el libro que marcó el inicio de una obra rupturista

La editorial Criatura reeditó la primera novela de la autora uruguaya, una de las más originales de América Latina.  Cuenta con ilustraciones de Caro Ocampo.

Con ilustraciones de la diseñadora e ilustradora Caro Ocampo y un prólogo de la poeta y escritora Gabriela Borrelli acaba de reeditarse «La mujer desnuda», un texto que funciona como una invitación a volver a la figura de la pedagoga y escritora uruguaya Armonía Somers, seudónimo literario de Armonía Etchepare, quien con una obra que comenzó con la publicación de esta novela en 1950 se consolidó como una de las narradoras más rupturistas y originales de América Latina.

Nacida en la ciudad uruguaya de Pando en 1914, Somers murió en Montevideo en 1994 cuando ya era reconocida por su literatura. Equiparada con las poetas Circe Maia y Marosa di Giorgio, aunque no escribía poesía, la escritora publicó esta primera novela en un número de una fugaz revista de arte de Montevideo, llamada Clima y en 1967 se presentó como libro en la editorial uruguaya Tauro.

«Toda su obra es innovadora por diferentes motivos. La capacidad de hablar del deseo es una lectura que se le da ahora. En el prólogo digo que leo con una intención porque lo hago desde el paradigma de mi época. Su obra se podía encontrar en otro paradigma y también encaja perfecto por la rareza, la extrañeza del Río de la Plata. Esa idea de una corporalidad que se pierde para volverse puro deseo en el imaginario ajeno», explica la Borrelli en diálogo con Télam.

Para la autora de «Vidrio», «el relato y lo fundamental de ‘La mujer desnuda’ es cómo Somers puede transformar en deseo no solo el propio sino cómo se transforma esa mujer desnuda en el imaginario de esa comarca pacata, esa es la doble cara que muestra ‘La mujer desnuda’: la zona vital del deseo pero también la zona oscura del deseo, la que es inabarcable para el otro».

En esta reedición de la editorial Criatura, la ilustradora uruguaya Caro Ocampo se encargó de las ilustraciones. Ya había trabajado con la editora del sello Julia Ortiz en la reedición de «Amor Libre», de Roberto de las Carreras, con un procedimiento que implicó recibir el texto, bajar las primeras impresiones, discutir en torno a esos emergentes y si ven «ruta común», le dan «para adelante».

«Sin embargo, este texto era muy distinto, más ensayístico. En ‘La mujer desnuda’ me encontré con un relato sinuoso y ambiguo que me enfrentó, de lleno, a la ansiedad de una lectura múltiple y exigente de una postura implicada, desde la que estar decidiendo, constantemente, cuáles son las ‘verdades’, cuáles son los caminos posibles’ y cuáles son los ‘descartables'», argumenta.

Fue por eso que considera que su tarea «no se restringió únicamente» a lo que suponía la ilustración sino que «cobró sentido en sí misma», interpelándola «desde muchos niveles como lectora».

Caro Ocampo ilustr el texto de Somers

Caro Ocampo ilustró el texto de Somers.

Las imágenes que atraviesan la novela ayudan a leer la irreverencia y la profundidad de Somers para hablar del deseo, sobre cómo fue ese proceso, Ocampo explica: «La protagonista es una mujer de 30 años que decide cortarse la cabeza y, desnuda, iniciar un viaje que la enfrenta al deseo, a la seducción, al temor, a la violencia, a la persecución, entre tantas otras cosas. Retomando a Gabriela Borrelli, la lectura se resignifica y se adecúa para proyectar, en sus páginas, las tensiones y debates de cada contexto. ¿Qué nos devela de nuestro aquí y ahora? Uno de los primeros desafíos a los que me enfrentó este texto fue reflexionar sobre cómo se ve el deseo. En la medida en que entendemos que no es un concepto cerrado, nos encontramos con un desafío de dimensiones políticas, dado que estamos habituados a consumir productos donde el deseo tiene, mayoritariamente, una mirada (la masculina, la heterosexual) enfocada a un objeto protagonista (el cuerpo femenino)».

Esto demandó, para la también diseñadora, «una reflexión que permita imaginar y proponer códigos que exploren otros horizontes» y dice que ese fue «uno de los principales nodos del libro».

«Si bien podríamos acordar con que es un relato de autodescubrimiento y de búsqueda de una autenticidad propia, también pone sobre la mesa lo que el cuerpo desnudo e irreverente de una mujer genera en su entorno: deseos de posesión, de control, de silenciamiento, de violencia y destrucción. Por eso, me propuse ubicar parte de la experiencia de la protagonista en esos otros ojos, donde ella (o la idea de ella, dado que muchos habitantes ni siquiera alcanzan a verla) trasciende su escala humana y se magnifica en la imaginación de los habitantes del pueblo. Es por eso que, en muchas imágenes, Rebeca se encuentra hipersexualizada, fuera de escala, omnipresente: una femme fatale que amenaza la tranquilidad del pueblo», señala.

Somers era hija de un comerciante anarquista y anticlerical y de una madre católica, su formación fue como maestra y pedagoga y, a partir de 1960, fue invitada por la Unesco y organismos vinculados a la educación a París, Londres, Ginebra y Madrid sin embargo su producción literaria fue continúa y en paralelo a esos viajes.

Después de «La mujer desnuda» publicó los libros «El derrumbamiento» en 1953, «De miedo en miedo» en 1967 y «Un retrato para Dickens» en 1969, año en el que comenzaron sus dolencias por quilotórax, una afección que afecta a los pulmones. De esa experiencia nació su monumental novela «Sólo los elefantes encuentran mandrágora», publicada en 1986 y escrita entre 1972 y 1975.

El alcance internacional de su obra comenzó en la década del 70 e implicó la traducción de sus trabajos al inglés, al francés y al alemán.

Borrelli ubica a Rebeca Linke, la protagonista de «La mujer desnuda», la primera creada por Somers, en una serie con otras grandes personajes de la literatura como Ana Karenina o Nora Helmer porque asevera que ese movimiento implica también «armar una serie de grandes protagonistas que viven por fuera de la novela, se instauran en un momento histórico y literario como paradigmas de un momento social. Ana Karenina representa ese momento de la literatura rusa y del momento social y político. Y Rebeca Linke también representa un momento de la extrañeza rioplatense, es un personaje que vive por fuera del novela que la contiene, nace con esa novela pero se dispara. Es una lectura pero también es un deseo que sea como Ana como Nora, que quede para siempre en el imaginario literario de aquellos que leyeron o no a Armonía Somers».

En el prólogo, la autora de «Hamaca paraguaya» y «Océano» cuenta que cuando la revista Clima publicó por segunda vez «La mujer desnuda» lo hizo en una edición separada y exclusiva que el director de ese entonces de la Biblioteca Nacional de Uruguay compró en su totalidad y se encargó de distribuir.

«Nos persigue, la escritura de esta novela te persigue. Así como se esconde el personaje, se esconde su autora, y hasta parece escondido quien lee», dice Borrelli en esa introducción a una historia que convoca a la desmesura, a la extrañeza y a la fascinación que puede producir el deseo.

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